EL PELIGRO DE NO TOMARSE LAS SUFICIENTES VACACIONES

 

 

 

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El descanso es necesario para la armonía intelectual, física y emocional. Pero ¿qué ocurre si no se hace un stop y se está bajo demasiada presión, o si no se descansa lo suficiente?

 

Por Andrea Sambuccetti

Para muchos, los días de vacaciones no resultan holgados en este 2007: con esfuerzo sólo han logrado obtener libre un fin de semana, una semana o varios días más, pero distribuidos a lo largo del año, lo que no permite el popularmente llamado “desenchufe”.

En el peor de los casos, que los hay, más de uno se pasará la temporada estival trabajando, estudiando o ambas tareas, resolviendo problemas urgentes ó no tanto, e incrementando un cansancio intenso que fue acumulado con fundamento durante todo 2006.

Algunos lograrán un año exitoso, pese a no contar con un receso. Pero otros, apostarán a extremar el agotamiento hasta sus últimas consecuencias.

Infobae.com consultó a expertos que explicaron si realmente existe algún riesgo en excederse, sobreexigir el cuerpo y la mente y no parar cuando se está realmente extenuado.

Enrique Novelli, psicólogo miembro de la Asociación P sicoanalítica Argentina (APA) explicó que las vacaciones “son importantes para que la persona descanse después de un año laboral, se desenchufe, descontamine y por otra parte, es un tiempo que otorga cierto sentido al para qué se trabaja”.

 

 



“Hay que pensar que se puede estar semanas en ayuno, menos días sin tomar agua, pero, sin dormir, no más de 3 días: se alucina, se entra en un estado patológico. Si no hay descanso mental aparece la patología”, explicó.

Las consecuencias pueden producirse a nivel físico y psíquico. “Cansancio, patologías que tienen causas psicógenas como la neurosis de angustia, o alguna psicosomática como la úlcera, el asma, el dolor de cabeza, problemas de piel”, dijo el experto.

Esther Any Krieger, psicóloga, coordinadora del Capítulo de Psicoanálisis y Patologías Actuales, perteneciente a APA señaló que “siempre, lo que se aconseja es escuchar al cuerpo. Si uno siente que su cuerpo ya no responde y se siente muy agotado, nunca dejar de escuchar esa señal”.

“Si uno dice: ‘no doy más’, entonces hay que hacer un paréntesis, no hace falta irse a algún lado. Lo importante es reposar, pensar qué es lo que pasa, entrar en el ocio creativo”, dijo y puntualizó que los riesgos posibles del exceso van desde “el agotamiento intelectual por estrés, el burnout, colapso de agotamiento, trastornos en el sueño, ansiedad, desconcentración, inapetencia, astenia, fatiga”.
 
Además, el sistema cognitivo puede verse afectado en cuanto a la atención, pensamiento, memoria y creatividad, entre otros.

El ocio y el exceso
La licenciada Krieger explicó que al ocio se lo puede ubicar desde la perspectiva de la antigua Grecia, que apelaba a la vida contemplativa y en una segunda vertiente al trabajo físico; o bien, desde la visión romana, que se relacionaba con el no hacer y estaba emparentado de alguna manera con la vagancia.

“Nuestra cultura hereda, más que nada, la perspectiva romana. Pero, la idea es poder ubicar a las vacaciones como un espacio en donde rompemos con lo cotidiano de nuestras vidas para pode! r conseg uir un ocio creativo, más parecido al griego”.

Por otro lado, Krieger destacó que la otra cara del ocio en las vacaciones es el exceso, que se reproduce en mayor grado quizás que el que se tiene cuando se trabaja: “salen a la ruta, se matan, se producen episodios de violencia, hay exceso de sol, de alcohol, de baile y si es necesario controlar, medir todo esto, es porque hay algo que es desmedido”.
 
“Al caer en peores excesos que cuando se trabaja, entonces, la pregunta es: qué nos pasa. Si vamos de vacaciones para cortar con el exceso de responsabilidades de nuestras vidas y el recreo nos encuentra presos de todos estos excesos que son peores”, reflexionó la experta.

“Lo que ocurre es que finalmente la sociedad impone las vacaciones. Y vivimos en una lógica de lo impuesto”, dijo y aconsejó lograr un ocio creativo: “no hace falta irse de vacaciones a algún lugar para descansar, sino leer un libro ver qué se aprende de él, ir al cine, disfrutar de una obra y pensar, lo que se relaciona con la vida contemplativa que mencionaba Aristóteles y estamos lejos de eso”.
 
Las vacaciones no son la solución a todo
Más allá de las bondades provenientes del descanso laboral, el licenciado Novellis indicó que “las vacaciones no sirven si se plantean como la solución a un conflicto puntual”.

“Hay mucha gente que se pone peor tomándose vacaciones. Y hay gente que continúa con la angustia que se pone en juego también cuando trabaja”, dijo y observó que “lo que tenemos que pensar es que ni son las vacaciones, ni son los momentos de trabajo, los que producen un estado de angustia”.

“Puedo estar muy cansado físicamente, descanso, duermo y estoy recuperado. Pero, si estoy angustiado, por más descanso que haga, me levanto más cansado que antes”, explicó.

“Por ejemplo, una pareja que tiene cierta situación conflictiva y viene soportándola p orque trabajan varias horas al día se encuentra en las vacaciones 15 -30 días, durante las 24 horas juntos sin tarea que justifique el conflicto: se puede complicar más”, destacó.

Igualmente, Novellis entendió que “todo depende de lo que cada persona ponga en juego, ya que hay gente que aún tomándose vacaciones una vez al año va a producir cierta disfunción psicológica”.

“Los psicólogos tenemos picos estacionales de consultas: antes de las fiestas de fin de año y después de las vacaciones. En el primer caso, por situaciones conflictivas familiares y en el segundo porque algunos piensan que con desenchufarse y ‘renovarse’ se terminan ciertos problemas. Pero, si el conflicto es interno, se lo lleva a todas partes y al regresar de vacaciones, vuelven y consultan”, destac
ó.