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Para
muchos, los días de vacaciones no resultan holgados en este 2007: con
esfuerzo sólo han logrado obtener libre un fin de semana, una semana o
varios días más, pero distribuidos a lo largo del año, lo que no
permite el popularmente llamado “desenchufe”.
En el peor de los casos, que los hay, más de uno se pasará la temporada
estival trabajando, estudiando o ambas tareas, resolviendo problemas
urgentes ó no tanto, e incrementando un cansancio intenso que fue
acumulado con fundamento durante todo 2006.
Algunos lograrán un año exitoso, pese a no contar con un receso. Pero
otros, apostarán a extremar el agotamiento hasta sus últimas
consecuencias.
Infobae.com consultó a expertos que explicaron si realmente existe
algún riesgo en excederse, sobreexigir el cuerpo y la mente y no parar
cuando se está realmente extenuado.
Enrique Novelli, psicólogo miembro de la Asociación P sicoanalítica
Argentina (APA) explicó que las vacaciones “son importantes para que la
persona descanse después de un año laboral, se desenchufe, descontamine
y por otra parte, es un tiempo que otorga cierto sentido al para qué se
trabaja”.
“Hay que pensar que se puede estar semanas en ayuno, menos días sin
tomar agua, pero, sin dormir, no más de 3 días: se alucina, se entra en
un estado patológico. Si no hay descanso mental aparece la patología”,
explicó.
Las consecuencias pueden producirse a nivel físico y psíquico.
“Cansancio, patologías que tienen causas psicógenas como la neurosis de
angustia, o alguna psicosomática como la úlcera, el asma, el dolor de
cabeza, problemas de piel”, dijo el experto.
Esther Any Krieger, psicóloga, coordinadora del Capítulo de
Psicoanálisis y Patologías Actuales, perteneciente a APA señaló que
“siempre, lo que se aconseja es escuchar al cuerpo. Si uno siente que
su cuerpo ya no responde y se siente muy agotado, nunca dejar de
escuchar esa señal”.
“Si uno dice: ‘no doy más’, entonces hay que hacer un paréntesis, no
hace falta irse a algún lado. Lo importante es reposar, pensar qué es
lo que pasa, entrar en el ocio creativo”, dijo y puntualizó que los
riesgos posibles del exceso van desde “el agotamiento intelectual por
estrés, el burnout, colapso de agotamiento, trastornos en el sueño,
ansiedad, desconcentración, inapetencia, astenia, fatiga”.
Además, el sistema cognitivo puede verse afectado en cuanto a la
atención, pensamiento, memoria y creatividad, entre otros.
El ocio y el exceso
La licenciada Krieger explicó que al ocio se lo puede ubicar desde la
perspectiva de la antigua Grecia, que apelaba a la vida contemplativa y
en una segunda vertiente al trabajo físico; o bien, desde la visión
romana, que se relacionaba con el no hacer y estaba emparentado de
alguna manera con la vagancia.
“Nuestra cultura hereda, más que nada, la perspectiva romana. Pero, la
idea es poder ubicar a las vacaciones como un espacio en donde rompemos
con lo cotidiano de nuestras vidas para pode! r conseg uir un ocio
creativo, más parecido al griego”.
Por otro lado, Krieger destacó que la otra cara del ocio en las
vacaciones es el exceso, que se reproduce en mayor grado quizás que el
que se tiene cuando se trabaja: “salen a la ruta, se matan, se producen
episodios de violencia, hay exceso de sol, de alcohol, de baile y si es
necesario controlar, medir todo esto, es porque hay algo que es
desmedido”.
“Al caer en peores excesos que cuando se trabaja, entonces, la pregunta
es: qué nos pasa. Si vamos de vacaciones para cortar con el exceso de
responsabilidades de nuestras vidas y el recreo nos encuentra presos de
todos estos excesos que son peores”, reflexionó la experta.
“Lo que ocurre es que finalmente la sociedad impone las vacaciones. Y
vivimos en una lógica de lo impuesto”, dijo y aconsejó lograr un ocio
creativo: “no hace falta irse de vacaciones a algún lugar para
descansar, sino leer un libro ver qué se aprende de él, ir al cine,
disfrutar de una obra y pensar, lo que se relaciona con la vida
contemplativa que mencionaba Aristóteles y estamos lejos de eso”.
Las vacaciones no son la solución a todo
Más allá de las bondades provenientes del descanso laboral, el
licenciado Novellis indicó que “las vacaciones no sirven si se plantean
como la solución a un conflicto puntual”.
“Hay mucha gente que se pone peor tomándose vacaciones. Y hay gente que
continúa con la angustia que se pone en juego también cuando trabaja”,
dijo y observó que “lo que tenemos que pensar es que ni son las
vacaciones, ni son los momentos de trabajo, los que producen un estado
de angustia”.
“Puedo estar muy cansado físicamente, descanso, duermo y estoy
recuperado. Pero, si estoy angustiado, por más descanso que haga, me
levanto más cansado que antes”, explicó.
“Por ejemplo, una pareja que tiene cierta situación conflictiva y viene
soportándola p orque trabajan varias horas al día se encuentra en las
vacaciones 15 -30 días, durante las 24 horas juntos sin tarea que
justifique el conflicto: se puede complicar más”, destacó.
Igualmente, Novellis entendió que “todo depende de lo que cada persona
ponga en juego, ya que hay gente que aún tomándose vacaciones una vez
al año va a producir cierta disfunción psicológica”.
“Los psicólogos tenemos picos estacionales de consultas: antes de las
fiestas de fin de año y después de las vacaciones. En el primer caso,
por situaciones conflictivas familiares y en el segundo porque algunos
piensan que con desenchufarse y ‘renovarse’ se terminan ciertos
problemas. Pero, si el conflicto es interno, se lo lleva a todas partes
y al regresar de vacaciones, vuelven y consultan”, destacó.
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